Es un proceso extraño el de dejar marchar el alma,
un ritual abstracto difícil de explicar,
notas como parte de ti se evapora,
hacia el exilio a otro lugar.
Una sensación incómoda que vacío deja,
un consumo inexorable,
lento,
venenoso.
La única opción de reencontrar el alma extraviada,
es moverse,
cada milímetro de esfuerzo
evita el naufragio
y he aquí donde la última en abandonar la balsa,
la balsa de la medusa,
la última en abandonar el ser,
será la esperanza.
Géricault.
MW.
sábado, 21 de septiembre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
sábado, 31 de agosto de 2013
¿Para qué sirve la verdad?
Uno la exige pero no quiere escucharla,
la verdad solo es útil cuando refuerza nuestros pensamientos,
solo la creémos cuando nos da solidez;
la verdad no nos sirve si nos hace débiles,
oírla y creerla es una gran esfuerzo,
pues no queremos la verdad,
la sacrificamos ante nuestro autoengaño
Mejor ser infelices y engañarnos y no creer en una verdad
que nos cambiaría hacia la felicidad,
y eso da miedo, no todos están preparados, pero aún así
seguiremos exigiéndola, seccionandola con su relatividad,
el uso de la verdad como un instrumento.
La verdad como poder, como sometimiento,
la verdad como anhelo,
la verdad como una falsa mentira.
Uno la exige pero no quiere escucharla,
la verdad solo es útil cuando refuerza nuestros pensamientos,
solo la creémos cuando nos da solidez;
la verdad no nos sirve si nos hace débiles,
oírla y creerla es una gran esfuerzo,
pues no queremos la verdad,
la sacrificamos ante nuestro autoengaño
Mejor ser infelices y engañarnos y no creer en una verdad
que nos cambiaría hacia la felicidad,
y eso da miedo, no todos están preparados, pero aún así
seguiremos exigiéndola, seccionandola con su relatividad,
el uso de la verdad como un instrumento.
La verdad como poder, como sometimiento,
la verdad como anhelo,
la verdad como una falsa mentira.
jueves, 29 de agosto de 2013
viernes, 23 de agosto de 2013
Nuestra proyección de nosotros mismos no es más que una vaga representación, fruto de nuestras apariencias, miedos, inseguridades y anhelos. Proyectamos una máscara, una máscara defensiva; nos la colocamos en nuestro día a día hasta perder la perspectiva, hasta que la representación del simulacro se vuelve contra nosotros y se convierte en realidad, se adhiere al alma, como un parásito, un parásito que contamina y envenena hasta que lo consume todo por dentro y lo vuelve oscuro. De esa manera no dejamos que nadie entre en nuestra realidad, porque nosotros mismos nos hemos apartado de ella.
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